domingo, 1 de agosto de 2010

Luna Cazadora (Texto Real)

Un recuerdo indeleble, conservado en formol, envasado en un diáfano y enorme tarro de vidrio y conservado en un lugar apacible, lleno de luz y poco sonido de mi memoria es el siguiente; un recuerdo tierno, podría decirse que es el primer recuerdo del que tenga memoria.

Camino de la mano de mi madre, es de noche, mi primo 4 años mayor que yo camina junto a nosotros. La calle es la misma calle que vio crecer a mi padre, a sus hermanas y vio enamorarse a mi madre. Es la calle de mi infancia, la calle con la que más conexión he hecho en mi vida.

El recuerdo se detiene en el espacio de calle que pertenece a los Caceres. La familia alegre de numerosos miembros que practican sus coreografías de música africana para cada carnaval. El recuerdo sigue en medio de una noche cálida, como todas las incontables noches de Barranquilla. Recuerdo el sonido de la voz de mi madre y la risa burlona de mi primo. Noto mi sombra en el suelo, la miro, la analizo, la reparo muchísimo, pedazo a pedazo. La comparo con la sombra que proyecta la humanidad de mi madre, la comparo con la sombra un poco más alta de mi primo. Me sorprendo, me asusto, grito, lloro, hago berrinche, mi madre trata de calmarme pero no me siento conforme con su explicación. No concuerdo con su análisis que todos tenemos una sombra que nos sigue durante la noche y que es el reflejo de la luz de la luna.
Pero trato de calmarme y miro la luna, de reojo, la miro y la sigo mirando. Algo extraño hace clic en mi interior; a los dos años y medio descubro algo aterrador: mami, la luna nos persigue!.

Grito, lloro, pataleo, me siento asustada, no quiero seguir caminando. La luna nos persigue, sigo gritando.

Fin del recuerdo.

El recuerdo tiene continuación en casa, con mi padre tratando de calmarme y un primo molesto porque seguramente habría estropeado alguna salida a comer un helado.

Escuchando a: The postal Service / Sleeping In

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domingo, 1 de agosto de 2010

Luna Cazadora (Texto Real)

Un recuerdo indeleble, conservado en formol, envasado en un diáfano y enorme tarro de vidrio y conservado en un lugar apacible, lleno de luz y poco sonido de mi memoria es el siguiente; un recuerdo tierno, podría decirse que es el primer recuerdo del que tenga memoria.

Camino de la mano de mi madre, es de noche, mi primo 4 años mayor que yo camina junto a nosotros. La calle es la misma calle que vio crecer a mi padre, a sus hermanas y vio enamorarse a mi madre. Es la calle de mi infancia, la calle con la que más conexión he hecho en mi vida.

El recuerdo se detiene en el espacio de calle que pertenece a los Caceres. La familia alegre de numerosos miembros que practican sus coreografías de música africana para cada carnaval. El recuerdo sigue en medio de una noche cálida, como todas las incontables noches de Barranquilla. Recuerdo el sonido de la voz de mi madre y la risa burlona de mi primo. Noto mi sombra en el suelo, la miro, la analizo, la reparo muchísimo, pedazo a pedazo. La comparo con la sombra que proyecta la humanidad de mi madre, la comparo con la sombra un poco más alta de mi primo. Me sorprendo, me asusto, grito, lloro, hago berrinche, mi madre trata de calmarme pero no me siento conforme con su explicación. No concuerdo con su análisis que todos tenemos una sombra que nos sigue durante la noche y que es el reflejo de la luz de la luna.
Pero trato de calmarme y miro la luna, de reojo, la miro y la sigo mirando. Algo extraño hace clic en mi interior; a los dos años y medio descubro algo aterrador: mami, la luna nos persigue!.

Grito, lloro, pataleo, me siento asustada, no quiero seguir caminando. La luna nos persigue, sigo gritando.

Fin del recuerdo.

El recuerdo tiene continuación en casa, con mi padre tratando de calmarme y un primo molesto porque seguramente habría estropeado alguna salida a comer un helado.

Escuchando a: The postal Service / Sleeping In

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