miércoles, 30 de junio de 2010

No me gusta la plancha (Texto Real)

Mi memoria esta fallando ultimamente. Solìa recordar situaciones, paisajes, nombres de recien conocidos, fechas de efemerides con una facilidad pasmosa; me lamentaba del deprorable aspecto de la memoria de mi madre, la instaba a realizar ejercicios mentales, tipo sodoku para reforzar su memoria cortoplazista, pero como karma del destino o predisposicion genetica, me autodescubri debil de recuerdos, casi carente de recuerdos.

Luego de una larga ausencia y de un blog amorfo, me dispongo a escribir de lo que sea. Aqui no discriminare nada y todo lo que se me ocurra encontrara su reflejo en el blanco de la pagina. Sin ponerme paranoica ni tampoco pesimista prefiero que mis recuerdos se mantengan silentes y no correspondidos en un blog desierto que en una mente sin pocos recuerdos. Se que lo mio es por el estres, que se yo, no quiero encontrarme un dia de estos con un acelerado diagnostico de Alzhaimer, prefiero tipear con errores garrafales, gramaticalmente incorrecta que perder mis memorias.

Empiezo con uno de los recuerdos mas dolorosos; lo califico doloroso porque recuerdo llanto, peleas, un plato de comida en el suelo, gente gritando y una cocina llena de gente. Todo el escenario de una vulgar confrontacion familiar, tipo telenovela de barrio sin vecinos incluidos pero con una alharaca que a mis cuatro años me hizo sentir por primera vez concientemente nerviosa.

La cosa empezo con una discusion entre mi madre y alguien mas, por mis nublados recuerdos creo que es mi prima mayor, ni me pregunten el motivo. Se enciende el motor de los gritos, las confrontaciones, no vi agarrones de pelo pero me conmociono tanto que en mi primera aparicion en el escenario del encontron vespertino ( porque recuerdo eran como las 5 pm) arrojé mi plato de comida al suelo, causó estropicio y todas las miradas se volcaron sobre mí. escuché palabras dulces, seguro notaron que estaba muy nerviosa. Luego el recuerdo pierde brillo, titila debilmente y desaparece. Acto seguido me encuentro con mi primo 3 años mayor caminando a la casa casi vecina, titila, desaparece, vuelve a aparecer la cara de una de mis tias, es la persona cuasi vecina a la que visitamos, nos pregunta: Cierto que no se van a ir? no recuerdo nuestra respuesta, luego el recuerdo deja de brillar en mi mente, el ultimo acto de toda la escena es mi madre planchando con la plancha que previamente nos ha prestado la tia a la cual visitamos y esta muy triste, muy adolorida; nos advierte no decir nada pero que al dia siguiente debemos dejar Barranquilla.

No recuerdo que siignificó esa noche para mi recibir tal noticia. Capaz que no comprendi el mensaje, capaz que fué otra frase de mi madre. Lo seguro es que fuí la unica presente no conmocionada por nuestra partida. Al día siguiente nos encontramos en Lorica, un pueblo de clima mas caliente que el barranquillero, en un vecindario mas lleno de gente pero mi percepción permanecía intacta y tal cual como el título de Bruce Chatwin, me preguntaba ¿Qué hago yo aquí?.

Titila y vuelve a titilar el recuerdo, aparece una certeza; odio planchar con todas mis fuerzas, mi madre lo odia también. Que curioso, estoy segura que a las dos nos transporta al mismo recuerdo de aquella tarde en Barranquilla donde escuché gritos, llantos y yo arrojé mi plato de comida al suelo. Muy curioso.

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miércoles, 30 de junio de 2010

No me gusta la plancha (Texto Real)

Mi memoria esta fallando ultimamente. Solìa recordar situaciones, paisajes, nombres de recien conocidos, fechas de efemerides con una facilidad pasmosa; me lamentaba del deprorable aspecto de la memoria de mi madre, la instaba a realizar ejercicios mentales, tipo sodoku para reforzar su memoria cortoplazista, pero como karma del destino o predisposicion genetica, me autodescubri debil de recuerdos, casi carente de recuerdos.

Luego de una larga ausencia y de un blog amorfo, me dispongo a escribir de lo que sea. Aqui no discriminare nada y todo lo que se me ocurra encontrara su reflejo en el blanco de la pagina. Sin ponerme paranoica ni tampoco pesimista prefiero que mis recuerdos se mantengan silentes y no correspondidos en un blog desierto que en una mente sin pocos recuerdos. Se que lo mio es por el estres, que se yo, no quiero encontrarme un dia de estos con un acelerado diagnostico de Alzhaimer, prefiero tipear con errores garrafales, gramaticalmente incorrecta que perder mis memorias.

Empiezo con uno de los recuerdos mas dolorosos; lo califico doloroso porque recuerdo llanto, peleas, un plato de comida en el suelo, gente gritando y una cocina llena de gente. Todo el escenario de una vulgar confrontacion familiar, tipo telenovela de barrio sin vecinos incluidos pero con una alharaca que a mis cuatro años me hizo sentir por primera vez concientemente nerviosa.

La cosa empezo con una discusion entre mi madre y alguien mas, por mis nublados recuerdos creo que es mi prima mayor, ni me pregunten el motivo. Se enciende el motor de los gritos, las confrontaciones, no vi agarrones de pelo pero me conmociono tanto que en mi primera aparicion en el escenario del encontron vespertino ( porque recuerdo eran como las 5 pm) arrojé mi plato de comida al suelo, causó estropicio y todas las miradas se volcaron sobre mí. escuché palabras dulces, seguro notaron que estaba muy nerviosa. Luego el recuerdo pierde brillo, titila debilmente y desaparece. Acto seguido me encuentro con mi primo 3 años mayor caminando a la casa casi vecina, titila, desaparece, vuelve a aparecer la cara de una de mis tias, es la persona cuasi vecina a la que visitamos, nos pregunta: Cierto que no se van a ir? no recuerdo nuestra respuesta, luego el recuerdo deja de brillar en mi mente, el ultimo acto de toda la escena es mi madre planchando con la plancha que previamente nos ha prestado la tia a la cual visitamos y esta muy triste, muy adolorida; nos advierte no decir nada pero que al dia siguiente debemos dejar Barranquilla.

No recuerdo que siignificó esa noche para mi recibir tal noticia. Capaz que no comprendi el mensaje, capaz que fué otra frase de mi madre. Lo seguro es que fuí la unica presente no conmocionada por nuestra partida. Al día siguiente nos encontramos en Lorica, un pueblo de clima mas caliente que el barranquillero, en un vecindario mas lleno de gente pero mi percepción permanecía intacta y tal cual como el título de Bruce Chatwin, me preguntaba ¿Qué hago yo aquí?.

Titila y vuelve a titilar el recuerdo, aparece una certeza; odio planchar con todas mis fuerzas, mi madre lo odia también. Que curioso, estoy segura que a las dos nos transporta al mismo recuerdo de aquella tarde en Barranquilla donde escuché gritos, llantos y yo arrojé mi plato de comida al suelo. Muy curioso.

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